– ¡Feliz otoño! -le dije a María cuando la vi llegar.
– ¿Feliz? Si es una de las estaciones más tristes del año -me contestó- mientras rodeaba con sus manos una taza de café humeante.

La respuesta de María me llevó a la reflexión… ¿Cuáles son las conversaciones que mantenemos ante el inicio de esta estación del año? Y más aún, ¿a qué predisposición anímica nos conducen nuestras conversaciones personales?

Asumimos automáticamente antiguos juicios que adquirimos alguna vez cuando niños, quizás, sin mayor reflexión que lo que dictan nuestras antiguas experiencias o relatos familiares ancestrales. ¿Es el otoño una estación de menor alegría que la primavera o el verano?

Los etimologistas latinos explicaban que “otoño” viene originariamente del griego “auctus”: el aumento o la plenitud del año e invitan a compararla con el término castellano “auge” que viene de idéntica raíz. ¡Quién lo hubiera pensado!… ¡Otoño proviene de aumento y auge!
Durante el otoño, las temperaturas bajan y la exposición a la luz solar disminuye. En un concierto de sabiduría, las plantas pierden sus hojas, cambian sus colores y empiezan su proceso de hibernación para preservar la vida ahorrando energía. ¡Estarán listas en primavera para dar flores y frutos!
La contemplación de la maravillosa naturaleza me llena de gratitud… Hibernación y tristeza… ¿Cuál será su relación? Y en un suspiro declaro: ¡Soy miembro activo de la naturaleza también en mis períodos de tristeza cuando abrazo la pérdida, me fundo en la reflexión ante lo ocurrido y en lo que decido que quiero hacer a partir de allí!

¿Cuáles son los resentimientos, los pendientes y los miedos de los que debo desprenderme cual hojas secas para que mi sistema no pierda energía vital?

El otoño también me conecta a la confianza. Una vez leí una frase de Goethe que ante las ramas sin hojas de un duraznero pensaba: ¿Quién podría decir que estas ramas secas florecerán en primavera?. ¿Cómo podemos confiar sin ver aún los resultados?. Confiamos cuando reconocemos nuestra raíz, nuestra historia, nuestro proceso de aprendizaje previo. Confiamos cuando no dejamos de mirar que fuimos capaces de atravesar un proceso de hibernación que pronto producirá sus frutos, que fuimos responsables en hacer aquello que posibilita nuestros logros. Confiamos cuando somos capaces de reconocer que no estamos solos, que una red nos sostiene, que contamos con la tierra de nuestros padres que nos dieron la vida y el agua y el sol de nuestras relaciones y maestros.

Los árboles no detienen su proceso aún ante la posibilidad cierta de sequía o de días nublados. ¡Los árboles viven! Abandonados a la incertidumbre y manteniendo su proceso que los dirige al futuro y a la vida misma.

Te invito a vivir el otoño con una nueva conversación, una que te conduzca a crecer en confianza y gratitud. ¿Qué necesitás para confiar en vos? ¿Cuán agradecido estás con tus raíces? ¿Cuáles son los frutos que querés producir? ¿Qué aprendizajes y relaciones necesitas cultivar en tu proceso de hibernación?

¡Feliz Otoño para tí!

 

Angela Kohashi

Coach Ontológico Profesional

Farmacéutica

Miembro Directivo de La Red Coaching