Decir no sin sentir remordimientos es un desafío personal, un ejercicio que nos conviene practicar. Decir no además de establecer qué es lo que se puede esperar o no de nosotros, es una práctica que contribuye a nuestra autoestima e identidad personal. ¿Qué beneficios nos trae decir no?

– Sí, sí, veámoslo después…

– Podría ser… (Silencio eterno)

– Déjame pensarlo y te aviso

Tres escapatorias clásicas. ¿Por qué nunca nos atrevemos a decir no en la primera? Saber decir no es una habilidad muy necesaria, que nos permite defender nuestra posición personal ante un tema o actividad social, a pesar de que nuestra postura pueda no ser la más popular.

Decir no y la dignidad humana

Decir no es fundamental para la dignidad humana porque tiene que ver con los límites que adoptamos individualmente para nuestras vidas.

Es una declaración en la que se basa nuestra autonomía y legitimidad como personas. A veces, las personas tienden a complacer a un tercero por conveniencia, convivencia o por miedo a sentirse rechazados. Cuando somos capaces de decir “no” a algo ajeno, le estamos dando valor a nuestras propias creencias y opiniones. En la contrapartida, cuando decimos “no” y nuestra negativa es pasada por alto, no nos sentimos respetados. Además, ¿qué identidad genero cuando digo sí y luego no cumplo?

Somos individuos que vivimos en sociedad. Lo límites son necesarios. Aún así muchas personas creen que decir “no” es un agravio, una falta de consideración o casi un pecado capital que las llevará directo al infierno social.

El miedo a decir “no” suele relacionarse con una baja autoestima y con el temor al rechazo y/o a la censura.

Decir “no” no implica rechazar al otro. Sólo implica decir “no” a la propuesta de hacer algo juntos, a un pedido; de ninguna manera simboliza el rechazo a la persona. Confundirnos en este punto puede traernos graves consecuencias en nuestras relaciones.

Decir no ¿nos hace más felices?

Cuando las personas hacen las cosas en contra de su parecer, tienden a sentirse incómodas porque no existe coherencia entre lo que dicen y hacen y lo que realmente creen o son. Al respecto, Paul Huljich, experto en estrés, señala que “cuando no somos fieles a lo que en realidad queremos, creamos una falta de armonía que gradualmente mina el gozo por la vida. Si aprendemos a decir ‘no’ a todo aquello que perjudica nuestro bienestar, experimentaremos un fuerte sentido de satisfacción con la vida y las decisiones que tomamos”.

Decir “no” es todo un arte. Si no lo sabes decir a tiempo, puedes terminar envuelto en serios problemas y si lo expresas mal, puedes terminar lastimando a los demás.

Ventajas personales de decir “no”

Decir “no” puede incomodar por algunos minutos, pero trae beneficios para toda la vida en diferentes ámbitos. En primer lugar, las personas que aprenden a decir “no” tienen mayor control de sus interacciones sociales y de sus vidas. Además, saben a ciencia cierta lo que pueden o no hacer. Son más realistas respecto a sus capacidades, cualidades y deseos, ya que conocen las ventajas, desventajas y el compromiso de aceptar una petición. Se dan a conocer verdaderamente y las otras personas sabrán para qué puede contar con ellas y para qué no.

También, saber decir “no” implica también saber aceptar un “no”. Si las personas aprenden desde muy niños que tanto el “sí” como el “no” tienen el mismo valor, serán más tolerantes a la frustración y serán menos dados a sentirse defraudados y/o resentidos cuando alguien les diga “no”.

Por otra parte, los que aprenden a negarse de manera acertada mantienen buenas relaciones con los demás, ya que evitan malos entendidos y peleas y se ahorran problemas serios. Piensa en lo importante que es para un adolescente aprender a decir no cuando existen grupos de presión que los incitan a tomar alcohol, consumir drogas o a ser fieles a un modelo de turno.

Pero, ¿cómo decir “no” sin culpa?

  • Convéncete de que decir “no” es tu derecho: sea donde sea, independiente de la persona a la que se lo digas o de la situación en que te encuentres.
  • Tómate tu tiempo para decidir: No te sientas presionado a dar una respuesta al instante (al menos tómate un par de segundos). Decir “no” tiene su precio. Reflexiona y concluye si ese “no” valdrá la pena. Pregúntate ¿con qué estoy comprometido?
  • Priorízate: Si siempre pasas a segundo plano por complacer a los demás, vivirás insatisfecho con la vida. Sobrecargarte con demasiadas responsabilidades puede causarte estrés, desgaste, afectar tu ánimo y hacerte más vulnerable a enfermedades.
  • Reconoce que no puedes complacer a todos: debes repetir esto cual mantra si eres  una persona culposa. Algunas veces puedes complacer a las personas que te importan, pero no es factible complacer a cada persona todo el tiempo.
  • Sé firme: no seas dubitativo a la hora de decir “no”. Si ya tomaste la decisión, dale para adelante. Utiliza un tono de voz firme y mantén contacto visual con la persona a la que le estás respondiendo. No des disculpas desmesuradas. Intenta con frases como: “lamentablemente la respuesta es no”, “siento tener que decirte que no”, “esta vez no puedo, lo siento”,  etc.
  • Ten presente que siempre que le dices “sí” a algo, le dices “no” a otra cosa. ¿Con qué te quieres comprometer?
  • Aprender a decir “no” de manera educada. Si necesitas enojarte para decir “no”, es probable que necesites vivir malhumorada/o para poner límites.

Un sano equilibrio

Decir “no” permitirá que tomes el control de tu vida. Te ayudará a enfocar tu tiempo hacia las personas y actividades que sean verdaderamente importantes para ti. Esto no significa que tengas que ignorar a los demás y volverte un egoísta que vela sólo por sí mismo. La clave está en encontrar un equilibrio entre dos extremos: el decir siempre que “sí” y el decir siempre que “no”.

Fuente: