Escucha profunda

En la columna anterior compartí con ustedes los cuatro niveles de escucha, en esta ocasión quisiera seguir profundizando en el tema para llegar a una dimensión diferente.
La escucha profunda sucede cuando después de conversar con alguien, nos sentimos transformados.

¿Cómo se logra este nivel de conexión?

Lo primero que obstruye la escucha profunda es la creencia de que por el sólo hecho de escuchar a alguien quedamos comprometidos a tomar acción. Pensamos que salir a buscar información va pegado a una respuesta inmediata en acciones o decisiones que nos comprometen. Nada más alejado de eso. Cuando entramos en ese modo de pensamiento, estamos separados de lo que pasa. “Eso” que está ahí afuera no tiene que ver con nosotros o está allí para darle un cauce inmediato de acción. “Eso” que pasa allí afuera es algo a resolver y un tema más en nuestra “lista de pendientes”, lo que emocionalmente genera sensación de carga, agobio, culpa, miedo, etc.

La transformación ocurre cuando se crea un espacio compartido de comunicación entre dos personas, en donde cada una es libre de expresarse tal como lo siente sin estar condicionado por expectativas propias o del otro.

No vamos a poder encontrar ninguna solución sin rendimos a ser parte del problema. Si en la escucha no hay permiso para conectar con el otro, entonces no hay permiso para la relación.
Las grandes transformaciones sólo ocurren en la relación con el otro y con lo que está pasando.

¿Cómo podemos relacionarnos con quiénes nos rodean en un contexto en el cual las bases sean la integración, la conexión, la abundancia de recursos?

El punto de partida es volver a las bases: somos seres gregarios, que pertenecemos a una comunidad, a un sistema. Cada uno de nosotros representa internamente ese sistema que después se expresa de manera colectiva.
Nuestra emociones, conversaciones, acciones pertenecen a una comunidad, que muestra a nivel colectivo lo que cada uno de nosotros experimenta a nivel individual. Lo que sucede afuera es un reflejo de lo que sucede adentro. Si tomamos distancia de ello, entramos en una separación de lo que nos constituye como seres humanos.
Somos inseparables de la red cultural a la que pertenecemos, somos parte de ella y sólo desde allí, aceptando con vulnerabilidad confianza y amor nuestra naturaleza, podremos hacer una diferencia tanto en nuestras propias vidas como en las de las personas que nos rodean.

Ser parte de la solución

Darnos permiso para salir a explorar, a escuchar, a empatizar con lo que ocurre allí, sin la urgencia por hacer algo al respecto, nos lleva a un nivel de conexión distinto, con mayor reflexión. Si somos capaces de sostener ese estado, llegará un momento en donde seremos parte de la solución.
Uno de mis grandes maestros siempre me preguntaba: ¿Cómo se sale de algo cuyo afuera está adentro? La respuesta fué: ir más adentro. Las soluciones están más adentro, aparecen cuando nos entregamos con humildad a la sabiduría que ya está disponible y no podemos escuchar porque siempre rondamos en las alternativas que conocemos y nos dan seguridad.
Tal vez las respuestas aparezcan cuando abramos nuestras mentes, corazones y voluntades a una intención mayor, que esté enfocada al bien común, al bien-estar, a algo más grande que nosotros mismos.
Un buen primer paso sería ser generosos y dejar nuestros puntos de vista de lado y abrir un espacio para escuchar a otros, el sólo hecho de estar presentes para otro, valdrá la pena por la relación y para reconectar con nuestra humanidad.

Laura Bicondoa¡Probemos por una semana!

Les propongo que elijan irse de viaje al mundo de dos o tres personas a través de la escucha y se pregunten: ¿quién soy yo después de haber pasado por esta experiencia? ¡Seguro será transformadora!

¡Hasta la próxima!