Expectativas versus realidad. A lo largo de mi experiencia como coach ejecutivo y en organizaciones me he topado varias veces con este dilema en el que me gustaría profundizar hoy y compartir con ustedes.

En la relación de coaching mi recomendación es establecer desde el principio el marco del trabajo, las reglas de la relación y qué se espera de un trabajo bien hecho. Los invito a describir nuestro trabajo con evidencias que puedan ser comprobables por cualquiera. Esto quiere decir que cuanto más específicos seamos, más fácil va a ser enfocarnos en objetivos concretos.
De esta manera, hay claridad y visibilidad del proceso, su alcance y los resultados, todos ellos posibles a través de la relación que se genera entre el coach y el coachee.

¿Cómo se maneja el asunto de las expectativas?

Cuando nos relacionamos con las expectativas, nos dejamos de relacionar con lo que ocurre o con la otra persona. Pasamos a tener una relación con lo que esperamos que pase. En otras palabras, nos perdemos el presente, que es el único momento que tenemos para cumplir con nuestros compromisos.

Las expectativas crean una ilusión

Las expectativas crean una ilusión, una especie de “holograma” que nos confunde y nos aleja de lo que está pasando. Nos dan la ilusión de que nos estamos relacionando con el otro cuando en realidad, no es más que una relación que tenemos con nuestras propias conversaciones. Conversaciones que nos dicen “lo que debería estar pasando”, lo que esperamos que pase, o si aquello que pasa coincide o no con aquello que imaginamos. Estamos ausentes a la relación con el otro y nos aislamos en un diálogo interno cuyo interlocutor somos nosotros mismos.

Si observamos el aspecto emocional,  las expectativas nos sumergen en estados de ánimo como la ansiedad, la impaciencia, la exigencia, el desafío, todos ellos respaldados por juicios de valor que la mayoría de las veces no tienen fundamento. Las expectativas también nos pueden llevar a querer controlar… lo que el otro dice, lo que el otro hace, forzando el cauce de acción y perdiéndonos de la riqueza del mundo del otro.

Enfocándonos

Cuando me doy cuenta que caigo en ese lugar, mi elección es poner esa conversación sobre la mesa. Incluir al otro en ese diálogo y hacerle preguntas para comprender o clarificar. Darme la oportunidad de abrir la conversación con el otro y transformar el monólogo interno en un diálogo constructivo en donde los dos tengamos derecho a opinar.

Convertir la conversación interna en una plataforma de diseño de acciones para poner en movimiento compromisos mutuamente acordados, estándares, acuerdos, condiciones de satisfacción. Orquestando para este diseño aquellos estados de ánimo que mejor nos predispongan para tomar acción, y que nos permitan  transformar las relaciones en colaborativas, inspiradoras, propositivas, generosas.

Les propongo para esta semana que conviertan sus expectativas en oportunidades para relacionarse con los demás. Tomemos esta actitud como un aprendizaje sabiendo de antemano que equivocarnos es una opción.

La próxima vez hablaremos más de este tema… Aceptan?

Laura

Laura Bicondoa

 

Laura Bicondoa es MCC de ICF y de AACOP y

Directora del Programa Estrategias de Coaching Ejecutivo.

 

 

 

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