¿Se puede llegar a aceptar y a disfrutar la soledad?

La soledad es un sentimiento difícil de sobrellevar, aunque muchos lo padezcan en la actualidad. No siempre resulta claro, para la persona el saber cómo enfrentarla. La soledad para algunos, es la oportunidad de encontrar algo de calma y tranquilidad, pero para otros, quizás para la mayoría, es el temor de enfrentarse consigo mismos y de correr el riesgo de que no les guste lo que encontrarán en su interior.

Cuando estamos solos, podemos recordar las pérdidas, los errores cometidos, revivir épocas de abandono, ya sea en la infancia, la adolescencia o en la vida adulta; recordar situaciones difíciles como enfermedades o muerte de seres amados; etc.

También, las personas, ante la soledad, se enfrentan con sentimientos de aislamiento, melancolía – recordando amores del pasado o épocas en las que no se sentían tan solos, tristeza, pesadumbre o vulnerabilidad, temiendo que, si les llegara a pasar algo en medio de la noche o fuera de sus casas, no contarían con el apoyo de nadie para enfrentar la situación y tendrían que valerse por sí mismas, corriendo el riesgo de no poder solucionar dicha situación de emergencia.

Aunque esto es posible que le ocurra a cualquiera, el hecho de saberse solo, a la persona que no tiene a nadie cerca o de manera permanente, le provoca fantasías catastróficas que le hacen temer lo peor, lo más grave o doloroso, aunque eso sea en realidad algo poco probable, pues siempre existe la posibilidad de encontrar la ayuda de alguien. Ese alguien puede ser un amigo, un vecino o, incluso, un desconocido que esté dispuesto a brindarnos su ayuda, de manera humanitaria y desinteresada, para salir adelante.

El sentimiento de soledad después de una pérdida

Este sentimiento de soledad y abandono puede surgir también, luego de la muerte de seres queridos, o de separaciones muy significativas, como el casamiento de alguno de los hijos, sobre todo cuando se trata de una persona viuda o divorciada que no tiene con quien compartir la experiencia y sentir el apoyado del compañero o compañera.

También se puede presentar debido a lesiones en la infancia donde el niño o adolescente padeció abandono emocional y físico por parte de los padres o tutores.

Existen personas que enfrentan la soledad como algo transitorio en sus vidas, por ejemplo, al llegar una época como el fin de año donde es más común enfrentarse a malestar, tristeza, depresión, miedo y soledad, pero que pueden reconocer su capacidad para salir relativamente pronto de ese estado para retomar el control de sus vidas, mientras que otras no tengan la misma confianza de poderlo superar y esto hace que se cierren a sus sentimientos y traten de evitar su proceso de duelo haciéndolo más doloroso y permanente.

La idea que se hacen es que, si se permiten sentir el sentimiento de soledad, ya no podrán salir de él, que seguirá creciendo hasta volverse insoportable. Pero esto no es más que una idea equivocada. Si la persona se da la oportunidad de sentir el dolor que estos sentimientos generan, tendrá más posibilidades de salir de él, sin tener que prolongarlo más de la cuenta o correr el riesgo de que se convierta en algo crónico.

Negar o reprimir los sentimientos dolorosos o desagradables es contraproducente a sentirlos plenamente, pues ellos se mantendrán ahí hasta que estemos dispuestos a escucharlos y sentirlos. Esto no debe tomarse como “enamorarse de la propia pena” y quedarse fijado en ella, es, más bien, sentir y aceptar la experiencia dolorosa con la confianza y la seguridad que también eso, como todo en la vida, pasará.

Las personas que saben manejar su soledad

Lo que es importante marcar, es que la soledad en muchos casos es un estado necesario para poder establecer un nuevo orden, para elaborar duelos, y para poder mirar dentro de nosotros y reconocernos como lo que realmente somos: seres humanos que necesitamos de conexión y sentido de pertenencia.

Las personas con recursos pueden superar más fácilmente ese estado de abandono o duelo y no sentir miedo de estar solos ni viven como vergüenza el tener que recurrir a un terapeuta u otra persona para explorar lo que están viviendo y tocar sus sentimientos dolorosos o desagradables.

Saben que, con ayuda, será más fácil volver a encontrar sentido a las pérdidas que han sufrido y a sus vidas.

Confían en sí mismas y en el apoyo de los demás, se trate de terapeutas, de amigos, familiares, compañeros de trabajo, de la iglesia o incluso de desconocidos, a fin de cuentas, todos son sus semejantes y sabe que lo pueden comprender y acompañar en su proceso de recuperación.

También reconocen que respetando esos momentos y espacios de soledad, podrán restaurar la parte que se ha sentido triste, abandonada o lastimada. Es similar al enfermo que necesita guardar reposo en casa, en su cama, para poder recuperar la salud física antes de retomar su vida y sus actividades cotidianas.

Con qué se relaciona nuestra manera de vivir la soledad

La soledad está relacionada con la forma en que los individuos han sido cuidados, acompañados y amados. También tiene que ver con qué tanto la persona se ha sentido alguien significativo para los demás.

Si nos hemos percibido como alguien realmente importante, valioso y protegido por nuestros padres o tutores, es más fácil que vivamos los eventos de soledad con mesura, sin darles un sentido trágico o catastrófico y que confiemos que es la soledad es algo que todas las personas tenemos que enfrentar en muchos momentos de nuestra vida; que no es algo temporal y que, como todo, también pasará, que volveremos a encontrar la conexión y la pertenencia con a otros.

Si por el contrario, la persona no ha sentido apoyo, aceptación, cariño, si no ha sentido la conexión y la pertenencia con aquellos que eran responsables de su seguridad y desarrollo, se sentirá insegura y vulnerable cuando se presenten periodos en los que tenga que enfrentarse a la soledad o al abandono.

Puede volver a tener la idea de que no es lo suficientemente valiosa para ser protegida y amada o apoyada y esto tendrá repercusión en su propia estima, viviéndose como alguien inferior, menos valiosa que el resto de los seres humanos.

Es en estos casos cuando resulta más urgente que la persona que se sienta paralizada por la soledad busque apoyo para enfrentar esta etapa para superarla sin tanto dolor, o por lo menos, en compañía de otro que no la juzgue ni quiera minimizar o acelerar su proceso y que, además, le ayude a salir fortalecida de la experiencia, que le ayude a reconocer su capacidad para apoyarse a sí misma, a recuperar la confianza y su valor personal.

La soledad como espacio de reflexión

La soledad también es un espacio o estado de reflexión donde uno entra en contacto consigo mismo y puede recuperar sus fuerzas y su poder personal para romper con un estado de “dependencia extrema” que puede resultar patológica, pues este tipo de relaciones reafirman la creencia de que la persona depende de otro para estar bien, sentirse seguro o ser feliz.

Las personas necesitamos unas de otras, debemos estar abiertas al contacto con otros semejantes, pero, así como necesitamos de momentos de contacto, también debemos aprender a retirarnos para asimilar lo que hemos vivido a través de los demás. Algo similar a los periodos de vigilia y de sueño.

No podemos estar todo el tiempo sólo en uno de estos estados, sino que, para lograr un buen equilibrio, necesitamos cuidar de ambos.

Debemos aprender a retirarnos para recuperar el equilibrio, a pesar de sentir en el interior un mar revuelto de emociones, soledad y confusión.

El estar sólo con uno mismo también puede calmar la mente, ayuda a fortalecer el autocontrol y ayuda a conocerse mejor y a identificar las propias sensaciones, sentimientos y necesidades personales.

Es un estado de gracia y de calma que evita caer en un estado de enajenación con el mundo y ayuda a regular nuestro sistema nervioso y las relaciones con los demás, evitando así conflictos y malos entendidos generados por el agotamiento de estar demasiado tiempo en contacto sin buscar los espacios necesarios para estar consigo mismo, en soledad.

Las relaciones se pueden saturar al ser incapaces de respetar los espacios de cada uno, por no saber enfrentarse a la soledad.

Estar con uno mismo en silencio, también se puede volver una experiencia sumamente agradable y enriquecedora. Es estar en compañía de sí mismo, comprendiéndose y conociéndose cada vez un poco más.

La soledad nos ayuda a descubrir recursos que no vemos cuando estamos mirando todo el tiempo hacia fuera. Es así como la persona puede poner en perspectiva sus miedos, sus apegos y todas las ideas o construcciones mentales que tanto daño le generan.

En lugar de luchar contra la soledad, es más recomendable saber encontrar el placer y el sentido de ésta, aprender a disfrutar de uno mismo y a equilibrar las demandas en relación a la compañía o la presencia constante de un otro.

El gusto y el sentido de por soledad deben valorarse igual que los placeres y el sentido de la conexión con otros, permitiendo que ambas sean un movimiento y una energía que ayudan al sano crecimiento personal e interpersonal.

Por:Luis Fernando Martínez Gómez, Psicoterapeuta Gestalt

Fuente: https://gestaltsinfronteras.com/2012/12/29/los-beneficios-de-aceptar-y-disfrutar-la-soledad/