Tiempos de crisis… ¿Cuál podría ser mi contribución en estos “tiempos de crisis” que estamos atravesando? Les propongo algunas alternativas que nos pueden ayudar a cambiar el estado de ánimo y, por ende, la forma en la que éste afecta nuestra relación con las posibilidades a futuro.

De repente recordé la fórmula de Stephen Covey del 90-10. Esta ecuación propone que hay un 10% de nuestra realidad sobre la que no tenemos control. No tenemos control sobre los hechos, las noticias, la situación económica del país, las variaciones del dólar… Pero sí tenemos un 90% de rango de maniobra. Este 90% se refiere a lo que sí podemos controlar, o mejor dicho, elegir.

Podemos elegir cómo nos vamos a relacionar con lo que ocurre.

Podemos elegir qué acciones tomar, o qué vamos a dejar de hacer que no esté colaborando con nuestra mejor versión en estos momentos.

Regresar y recordar que siempre podemos elegir nos devuelve gran parte de nuestra dignidad y auto-confianza.

Podemos elegir tomar ciertas decisiones que, frente al acoso de noticias que van y vienen generando ansiedad, miedo y desconfianza, nos protejan y nos permitan escuchar otras voces que nos conecten con lo que parece un especie en extinción: las posibilidades, la creatividad, el diseño.

Pero… ¿cómo?

Varios de mis colegas me comentaron en estas semanas algo que habían aprendido: “En tiempos de crisis lo mejor es expandirse y hacer lo que nadie hace, mirar donde nadie está mirando y buscar alternativas y soluciones que nos habiliten otros espacios de posibilidad”.

En medio de mi desborde de nervios, no dejaba de preguntarme pero… ¿Cómo? ¿Cómo hago para conectarme con eso?. Ese tipo de preguntas surgieron de mi desesperación e incertidumbre. Y es allí en donde comencé a labrar el camino que ahora les describiré.

4 pasos para nuestros tiempos de crisis

  1. Saber dónde estamos parados. Y digo donde estamos parados ahora, en el presente (no dónde quisiéramos estar, ni dónde estábamos parados antes). Buscar datos que nos ayuden a realmente afirmar y separar nuestras interpretaciones de los hechos. Haciendo este primer análisis me di cuenta que la mayor parte de mi ansiedad es producto de cosas que todavía no han ocurrido y sobre las cuales no tengo ningún poder. Empecé a valorar lo que sí tengo, y a estar agradecida por ello. Empecé a retirar de mi vida aquellos estímulos que descarrilaban mi atención y me arrastraban en un espiral descendente y catastrófico. Apagué la tele. Literalmente. Y tomé mi primer decisión: seguiré adelante pase lo que pase, venga lo que venga, dando mi 100% todos los días y enfocada en hacer el bien a los demás. Eso me ayudó bastante a salir de mi ombligo.
  2. Fortalecer mi energía.

    Hice una lista de todos aquellos momentos, actividades y personas que me ayudan a subir mi energía y optimismo y otra, de aquellas que drenan mi energía y me sumergen en la desconfianza. Decidí actuar sobre ellos y definir qué porcentajes de mi tiempo necesitaba cambiar para entrar en una frecuencia más ambiciosa y poderosa.

  3. Agradecer.

    Agradecer los pequeños grandes detalles y regalos que la vida me da, por más mínimos que sean. La gratitud es un rasgo característico de las personas felices. La gratitud genera una sensación de plenitud y aceptación, dos buenas bases sobre las cuales seguir construyendo.

  4. Ser creativa y estar al servicio.

    Pensé no sólo en las distintas maneras de seguir haciendo mi trabajo sino en cuándo y cómo mi trabajo se convierte en un servicio para los demás. Empecé a escuchar con compasión y apertura, y me volví más creativa e innovadora que nunca.

Esta crisis me está enseñando a pensar “fuera de la caja” y ya de por si, es un ejercicio que inspira y nos pone en un lugar en donde las oportunidades surgen desde la contribución, la colaboración y el amor.

Los resultados

Después de meditar en mis cuatro pasos, elegí tomar responsabilidad. Mi estado de ánimo cambió, mi relación con “la realidad” también cambió y lo seguirá haciendo las veces que sea necesario. Confío profundamente en la vida. Me pregunto todos los días qué puedo aprender de esta situación y quién voy a ser frente a los hechos. Esas libertades me pertenecen y nada ni nadie me las puede quitar.

Y sí, puedo parecer una optimista empedernida, pero hay una frase que anda por ahí que dice que la gente que sonríe por la calle ya entendió todo…

Y ustedes, ¿qué van a elegir a partir de ahora?

Laura Bicondoa

 

Columna escrita para La Red Coaching por:
Laura Bicondoa. MCC de la ICF y de la AACOP
Directora del Programa Estrategias de Coaching Ejecutivo.

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