Aprender a Aprender, ¿Qué tan predispuesto estas a cambiar?

Hace muchos años, tuve-emití este juicio a mi pareja de aquel momento: “…estoy muy viejo para cambiar.” con la intención de cortar una conversación que me resultaba incómoda en ese momento.

Hoy celebro que dicho juicio haya tenido poco fundamento. El correr de los años me ha demostrado, y a mi entorno, que sí he cambiado; he puesto muchísima energía en el aprendizaje, la apertura a los demás, la aceptación del otro a pesar de que seamos diferentes. Menciono aceptación y no tolerancia porque como dice un buen amigo, de quien sigo aprendiendo: “tolerancia es una promesa de venganza a futuro“. Vamos guardando, haciendo crecer dentro de nosotros lo que nos disgusta, hasta que llega el día en que explotamos por no aguantar más; y, posiblemente, esa emoción negativa retenida en el cuerpo, callada verbalmente, se va filtrando en nuestro cuerpo, asimilando ese desagrado y somatizando sus efectos, causando des-balances en nuestros organismos que inclusive pueden llegar a convertirse en dolencias crónicas o en enfermedades psicosomáticas.
El aprendizaje es un habilitador del convivir armoniosamente con el entorno y nosotros mismos.
El aprendizaje no sólo nos abre nuevas posibilidades, amplía la visión que tenemos del mundo, de nuestros compañeros, vecinos, amigos y familiares, sino que se convierte en habilitador del trabajo en equipo, de la convivencia, entendida como el vivir armoniosamente en comunidad; y, si no nos hemos dado cuenta, participamos en diversas comunidades y equipos: familiares, laborales, deportivas, sociales, culturales, locales y nacionales.

Haber emitido ese juicio que relaté se convirtió, hasta que lo identifiqué y me hice cargo, en un enemigo de mi aprendizaje y mi crecimiento y, por ende, de mi posibilidad de convivir más armónicamente, inclusive conmigo mismo; hoy siento que haberme hecho cargo de ese doble quiebre, ser viejo es ser incapaz de cambiar, significó un cambio esencial en mi vida que ha dado paso a diversos cambios cada vez más intensos, cálidos, profundos. Hoy sé que no soy viejo y que puedo aprender aún muchas cosas.

¿Alguna vez te haz detenido a determinar qué situaciones atentan directamente con tus posibilidades de aprender? Si lo haz hecho ¿qué emoción te ha causado diagnosticarlos (sí, pueden ser más de uno!)? ¿Cuáles acciones haz emprendido para vencer esos enemigos y darte a la tarea de emprender el camino del nuevo aprendizaje?

Muchas veces no tenemos conciencia de cuáles son esos enemigos. Pero, te aseguro, que allí están.
¿Alguna vez haz dicho, o pensado algo como: “Esto ya lo sé, son otros lo que tienen que aprenderlo”, “Lo que sé es todo lo que debo de saber”. O: “No sirvo para aprender eso”. O expresiones como: “Me gustaría aprender, pero no tengo tiempo”. “Eso, ¿para qué me sirve?.

A veces no tenemos la capacidad o las ganas de desaprender, para dar espacio a nuevo conocimiento; otras, no damos la autoridad a quien intenta enseñar – por ser más joven, más viejo, de otra condición social, sexual, política o de cualquier otra índole.
Identificar los enemigos del aprendizaje permite el acceso al conocimiento, a nuestro mundo emocional, y a integrar éste con nuestro cuerpo y nuestro lenguaje.

NO SÉ
Pronunciarla es una declaración fundamental, que nos pertenece por ser seres humanos, nos abre las puertas al aprendizaje lo que nos interesa, nos haga falta, nos nutra, desde bailar, pasando por física nuclear, hasta cosas más fundamentales como respirar, meditar o amar.

Si no aceptamos que no sabemos, el aprendizaje no puede ocurrir y no se produciría la apertura necesaria para hacerlo posible, continuo y enriquecedor.

Fuente: http://alasvenezuela.com/2015/10/aprendizaje-cambio-personal/