¿Cómo distinguir a los buenos Coaches?

Si salís a buscar un Coach, necesitás saber a lo que te estás arriesgando. Es un profesional tan peligroso, que está dispuesto a escucharte incondicionalmente por horas (sí, eso incluye los temores y sueños que jamás contaste ni a tus seres queridos).

Es alguien que, si le das permiso, buscará comprender tus creencias más arraigadas acerca de quién imaginás que sos y que alguna vez podrás ser, acerca de tus capacidades, tus limitaciones y tus verdades absolutas, para luego desafiarte a que no creas todos esos extraños cuentos que tu mente te dice.

Tenés que saber que un Coach se reirá con vos a carcajadas.  No porque pretenda burlarse, sino porque entiende que por momentos te sentís solo, avergonzado o paralizado, e igual se queda.  Otras veces te hará preguntas incómodas (y te adelanto, harás todo lo humanamente posible para evitarlas. Pero él no se rinde fácil. Esperará y volverá a preguntar). Y otras, te mirará a los ojos desde el más profundo y demoledor silencio. No temas, es para que por fin te escuches.

El Coach es un humano tan vulnerable e imperfecto como vos, pero que está preparado para sumergirse en tus enojos, angustias y dudas -por el simple hecho de que él ya estuvo ahí. Y porque intuye que si algo te duele por demasiado tiempo, se trata tan solo de un error de perspectiva.

Los Coaches no la tienen fácil. Su mayor arte – y creeme que no es sencillo- residirá en moverse con delicadeza hacia el punto exacto de equilibrio: lo suficientemente cerca tuyo, para percibir el mundo casi, casi igualito a como lo sentís vos, pero a una distancia prudencial para poder estirarte los brazos, sostenerte y mostrarte que no sos una excepción. Que vos también lo tenés todo para caminar distinto.

Los buenos Coaches celebrarán tu pasado y te acompañarán a que honres con alegría las historias que te has contado (al fin y al cabo, te trajeron hasta acá), y a la vez te recordarán que tu futuro no está escrito en ningún lado.
Que tu vida, tu carrera y tus vínculos pueden contarse desde otro ángulo: el que vos elijas. Y que sí, para crecer tendrás que comprometerte, trabajar con intención y apostar a vos como nunca antes. Lamento decirte: no hay grandes secretos en esto de la transformación. Cuando la oportunidad no llega, hay que inventársela.

En definitiva, los buenos Coaches son molestos y no siempre te harán la vida más fácil, pero contá con ellos cuando busques un excelente aliado para sentirte más vivo, humano y consciente, y moverte un paso más cerquita de la persona que viniste a construir.

Por: Natalia Sarro
Lic. en Psicología, Coach Ontológico Profesional y Escritora Nómada.
Mail: [email protected] y blog www.inspiramundo.com