Guardar resentimiento es como darse una bofetada y esperar que la otra persona sienta el dolor. Mark Sichel

El recuerdo que produce cada vez que se revive un evento desagradable, una situación dolorosa o un incidente molesto torna los pensamientos en un equipaje pesado y difícil. Impregna de reproches y sentimientos que amargan y contaminan las nuevas experiencias limitando e impidiendo a la persona  la posibilidad de sentir alegría, paz y felicidad.

La realidad es que la vida se pasa más rápido de lo que la persona que retiene el dolor cree. Desafortunadamente, pierde gran número de oportunidades, enfrasca su dolor e impide que el tiempo pueda liberar el malestar. Como resultado, se vive con resentimiento, rencor, tristeza y mucha soledad. Es casi como estar abriendo constantemente una herida y no dejarla cicatrizar jamás. Poder limpiar los malos entendidos y superar los sentimientos negativos es la mejor receta para recuperar el bienestar y la tranquilidad.

La declaración de perdón como una solución al resentimiento

Perdonar libera el alma de quién está resentido. Es un acto de autoliberación aceptar que lo sucedido es cuestión del pasado.

Perdonar no es lo mismo que olvidarse, olvidar es imposible, excepto por alguna enfermedad. Lo que si es posible, es declarar que a pesar del dolor, tomaremos el compromiso de no traer nuevamente estos acontecimientos al presente, de esta forma nos vamos a dar cuenta que hemos perdonado.

Perdonar no exime el daño recibido, es por eso que a veces, aún perdonando, decidimos dar por finalizada una relación.

Perdonar significa dejar ir nuestros sufrimientos, pero esta declaración no contiene una cláusula de permanencia que nos obligue a regresar con nuestros verdugos.

Mediante el perdón podemos  aceptar y al mismo tiempo decir BASTA.

El perdón también incluye perdonarnos a nosotros mismos. Es aceptar que podemos cometer errores y que hicimos lo que teníamos disponible hacer.

Interpretar que podríamos haber hecho otras cosas o haber actuado de maneras diferentes, es negarnos la posibilidad de equivocarnos y aprender de nuestros errores, como si la vida nos hubiera defraudado por no ser perfectos como esperábamos.

Perdonarnos a nosotros mismos es dejar de jugar el juego de la perfección