Decir no

Un desafío personal para todos es aprender a decir “no” sin sentir remordimientos, es un ejercicio que debemos practicar y nos puede facilitar muchas cosas. Acá unos consejos para lograrlo sin convertirse en un egoísta.

No, compromiso, identidad, seguridad, respuesta

– Sí, sí, veámoslo después

– Podría ser… (Silencio eterno)

– Déjame pensarlo y te aviso

Tres escapatorias clásicas. ¿Por qué nunca nos atrevemos a decir “no” a la primera? Saber decir esta palabra es una habilidad muy necesaria, que nos permite defender nuestra posición personal ante un tema o actividad social, a pesar de que nuestra postura no sea la más popular o difiera de la de los demás en un momento determinado.

Su valor reside en el hecho de que cuando somos capaces de decir “no” a algo ajeno, le estamos dando valor a nuestras propias creencias y opiniones, y no sólo actuamos para satisfacer a los demás. Decir “no” implica estar dispuesto a defender nuestra propia postura. A veces, las personas tienden a complacer a un tercero por conveniencia, convivencia o por miedo a sentirse rechazados.

Sin embargo, cuando las personas hacen las cosas en contra de su parecer, tienden a sentirse incómodas porque no existe coherencia entre lo que se dice o hace y lo que realmente se cree o se es. Al respecto, Paul Huljich, experto en estrés, señala que “cuando no somos fieles a lo que en realidad queremos, creamos una falta de armonía que gradualmente mina el gozo por la vida. Si aprendemos a decir ‘no’ a todo aquello que perjudica nuestro bienestar, experimentaremos un fuerte sentido de satisfacción con la vida y las decisiones que tomamos”.

Aún así muchas personas creen que decir “no” es un agravio, una falta de consideración o casi un pecado capital que las llevará directo al infierno social, pero en realidad todos tenemos derecho a decir: “no me parece”, “no es cierto”, “no quiero esto”, “no lo deseo”; cuando no queremos hacer algo, no nos sentimos capaces o consideramos que no es conveniente para nosotros. No tenemos por qué sentir la obligación de hacer o aceptar situaciones, opiniones o sugerencias con las cuales no estamos de acuerdo, simplemente por miedo a la reacción de los demás. Además, ese miedo, suele relacionarse con una baja autoestima y con el temor al rechazo y/o a la censura.

Decir “no” es todo un arte. Si no lo sabes decir a tiempo, puedes terminar envuelto en serios problemas (a todos nos ha pasado) y si lo expresas mal, puedes terminar lastimando a los demás.

Ventajas personales de decir “no”

Pronunciar la temida palabra puede incomodar por algunos minutos, pero trae beneficios para toda la vida en diferentes ámbitos. En primero lugar, las personas que aprenden a decir “no” tienen mayor control de sus interacciones sociales y de sus vidas. Además, saben a ciencia cierta lo que pueden o no hacer. Son más realistas respecto a sus capacidades, cualidades y deseos, ya que conocen las ventajas, desventajas y el compromiso de aceptar una petición.

También, saber decir “no” implica también saber aceptar un “no”. Si las personas aprenden desde muy niños que tanto el “si” como el “no” tienen el mismo valor, serán más tolerantes a la frustración y serán menos dados a sentirse defraudados y/o resentidos cuando alguien les diga “no”.

Por otra parte, los que aprenden a negarse de manera acertada mantienen buenas relaciones con los demás, ya que evitan malos entendidos y peleas, se ahorran problemas serios (sobre todo en la adolescencia, cuando existen grupos de presión que incitan a los jóvenes a tomar alcohol, consumir drogas, entre otras cosas).

Y para cerrar, quienes saben decir “no” hacen respetar sus puntos de vista, principios y valores, y de igual forma, aceptan y respetan los de los demás. Además, se dan a conocer verdaderamente y las otras personas sabrán para qué puede contar con ellas y para qué no.

Pero, ¿cómo decir que no sin culpa?

Hay que mentalizarse para tener claro que no cualquier “no” es una “mala onda”, como podríamos creer (peor es un sí de mala gana, en todo caso), y para hacerlo acá unos consejos:

Convéncete de que decir “no” está bien: recuerda que tienes el derecho a decirlo, sea donde sea, independiente de la persona a la que se lo digas o de la situación en que te encuentres. Es el punto de partida.

Tómate tu tiempo para decidir: no todas las respuestas son inmediatas, por lo que no te sientas presionado a dar una respuesta al instante (al menos tómate un par de segundos). Siempre es bueno pensar antes de actuar y concluir si ese “no” valdrá la pena.

Sé asertivo: al responder con un no, comunica de forma consciente y clara tus ideas, deseos y/o necesidades, pero no te dejes llevar por las emociones. ¡¡¡No!!! ¿Hasta cuándo abusan de mí en esta oficina? es un ejemplo a no seguir. Regula lo que quieres transmitir para que no suene ni muy agresivo ni muy pasivo.

Priorízate: no postergues tus prioridades o necesidades todo el tiempo y entiende que eso tiene un valor importante. Si siempre pasas a segundo plano por complacer a los demás, vivirás insatisfecho con la vida. Además, sobrecargarte con demasiadas responsabilidades puede causarte estrés, desgaste, afectar tu ánimo y hacerte más vulnerable a enfermedades.

Reconoce que no puedes complacer a todos: esto es fundamental y debes repetirlo cual mantra si eres de esas personas culposas: es imposible complacer a todas las personas en tu vida. Aprende a poner límites. Es verdad que algunas veces puedes complacer a las personas que te importan, pero no es factible complacer a cada persona todo el tiempo y mantenerte cuerdo (hasta puede ser hipócrita).

Sé firme: no seas dubitativo a la hora de decir “no”. Si ya tomaste la decisión, dale para adelante. Utiliza un tono de voz firme y mantén siempre el contacto visual con la persona a la que le estás respondiendo. Tampoco des disculpas desmesuradas, por tu respuesta. Intenta con frases como: “lamentablemente la respuesta es no”, “siento tener que decirte que no”, “esta vez no puedo, lo siento”, “ya tengo otros planes, sorry”, etc.

Ten presente que siempre que le dices “sí” a algo, le dices “no” a otra cosa: imagina que tienes muchas ganas de quedarte en tu casa a ver una serie en Netflix, al fin te desocupaste temprano y puedes descansar un ratito, pero una amiga te llama e invita a salir. Eso no quiere decir que tengas que dejarlo todo, aceptar y salir corriendo. Una salida contigo mismo es tan importante como una invitación con alguien más.

Aprender a decir “no” de manera educada, permitirá que tomes el control de tu vida y te ayudará a enfocar tu tiempo hacia las personas y actividades que son verdaderamente importantes para ti. No significa que tengas que ignorar a los demás y volverte un egoísta que vela sólo por sí mismo. La clave está, en encontrar un equilibrio entre dos extremos: el decir siempre que “sí” y el decir siempre que “no”.

Los derechos de los demás son tan importantes como los nuestros y por eso hay que intentar ser asertivos y determinar en qué momentos debemos negarnos y en qué momentos hay que ceder.

Y tú, ¿te sientes culpable diciendo que no? ¿Qué técnicas usas?

 

Por: Por Carolina Vera Olivares 

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