Nos es familiar que cuando nos estamos “bajón” hay acciones que sentimos no podemos hacer y que cuando estamos felices, somos capaces de “comernos la cancha” pero, ¿cuánto influyen realmente las emociones en el rendimiento deportivo?. Entérate cuál es la relación entre emociones y deporte.

Tiempo atrás, todo lo relacionado con lo afectivo era dejado de lado ya que se consideraba que era un rasgo de debilidad que entorpecía la ejecución. Desde el cartesianismo, se sostuvo históricamente que “el hombre es un ser racional” y que los motivos de sus acciones residían sólo en su

mente. Pero, ¿actuamos la mayor parte de nuestro tiempo guiados sólo por la razón? Luego de numerosas investigaciones, hoy reconocemos que no sólo no debemos dejar de lado nuestras emociones sino que además es conveniente gestionarlas e intervenirlas para conseguir sus beneficios o evitar sus consecuencias. De hecho, se ha encontrado que  nuestras emociones influyen en distintos procesos cognitivos como son la atención, la memoria, la toma de decisiones así como en el procesamiento de la información. Así, las emociones “negativas” como la tristeza favorecen un procesamiento más sistemático y detallado, que requiere mayor esfuerzo cognitivo. Por el contrario, las emociones “positivas” tienden a promover un procesamiento más esquemático, superficial y rápido, basado en la utilización de “heurísticos”.

Emociones y deporte

En función del tipo de deporte (individual o grupal, de alto o bajo rendimiento, etc) o incluso de la tarea concreta que esté realizando el deportista, se ponen en marcha diferentes procesos cognitivos, por lo que la influencia sobre el rendimiento dependerá de cómo afecten las emociones a estos procesos cognitivos.

Los procesos cognitivos que tienen más influencia en deportes de carácter abierto como son los deportes de equipo son: atención, percepción, memoria y toma de decisiones.

Los niveles de atención no escapan a las emociones del deportista. Así, por ejemplo, altos niveles de ansiedad inducen a una acentuada vigilancia de estímulos de contenido amenazante. Por tanto, si un jugador de baloncesto tiene un alto grado de ansiedad y el partido está en su recta final y con marcador igualado, posiblemente esté atendiendo en mayor medida al poco tiempo que a jugar, por lo que su rendimiento disminuirá. Igualmente un jugador que acaba de salir de una lesión grave y tiene miedo a recaer, tiende a centrarse más en la zona que estaba lesionada que en jugar.

El cristal de las emociones

Igualmente, el estado emocional del deportista afecta su percepción e interpretación de las situaciones, particularmente de aquellas que pertenecen al futuro o que son ambiguas.

En general, los deportistas con estados emocionales positivos tienden a considerar más probables los hechos futuros positivos que los negativos (ej. victoria versus derrota en la próxima competición). Lo contrario ocurre en aquellos que habitan mundos emocionales negativos. El estado de ánimo determina qué es posible y qué no. Así, el deportista que cree que puede conseguir buenos resultados en la próxima competición, se esforzará en mayor medida que el deportista que cree que no los va a obtener.

Lo mismo sucede frente a las situaciones ambiguas. Así, cuando el deportista tiene un estado emocional negativo porque su equipo va perdiendo tiende a percibir los errores de los árbitros como más perniciosos, a propósito, etc. que cuando está en un estado emocional positivo. En este estado, es más probable que una falta sea vista como malintencionada y reaccionar en consecuencia.

¿Impacta la autoestima en el rendimiento deportivo?

El estado emocional del deportista también afecta  la imagen que tiene de sí mismo. Un deportista con un estado de ánimo negativo tiende a interpretar sus características de forma más negativa que un deportista con estado afectivo positivo. Por ejemplo, después de una derrota, los deportistas suelen ser bastante críticos con su actuación. Si bien es normal que en un momento de bajón uno se autoevalúe de forma negativa; esto resulta muy pernicioso si se mantiene en el tiempo ya que afecta a la autoestima de la persona (ya no habla de que “jugó mal en este partido sino de que es un “mal jugador”)

Con respecto a la influencia del estado de ánimo en la memoria, se suelen recordar en mayor medida aquellos acontecimientos que son coherentes con nuestro estado de ánimo. Así, el deportista resentido, desanimado, tiende a recordar sus malas actuaciones, incluso recreándose en ellas; en cambio, el deportista ambicioso, entusiasmado, tiende a recordar aquellas buenas actuaciones consistentes con su emoción.

¿Lanzo o no lanzo?

emociones y deporte¿Cuánta influencia tienen los estados de ánimo en la capacidad de decisión del deportista? Por un lado, mientras los estados de ánimo positivos suponen un procesamiento de la información superficial; los negativos suponen un procesamiento de la información más detallado. Así, si un jugador tiene un estado positivo tenderá a decidir rápido y lanzar a canasta; en cambio, un jugador con un estado afectivo negativo puede pensárselo dos veces y al lanzar más tarde, da tiempo a que llegue el defensor.

Por otra parte, el estado de ánimo puede alterar la valoración de las consecuencias de hacer una elección. Las personas que habitan en un mundo emocional más positivo tienden a ser más arriesgados que las personas que no, pero cuando el riesgo es leve o imaginario. Por ejemplo, cuando el marcador de nuestro partido de baloncesto está a favor, el jugador tiende a hacer jugadas más espectaculares y arriesgadas ya que su estado afectivo es más positivo que cuando el marcador está en contra. En cambio, cuando el riesgo es real y lo que se arriesga es importante, los estados de ánimo positivos llevan a evitar del riesgo. Ésto puede deberse a que el deportista en este estado positivo está motivado para mantenerse en ese estado.

No apto para explosivos…

Por último, las emociones explosivas como la ira, euforia, etc. tienden a favorecer la impulsividad, impidiendo la valoración de las consecuencias de nuestro actos y haciéndonos perder el control. Por ejemplo, una discusión o pelea por un choque entre jugadores. Una forma de evitar estas situaciones desagradables es favorecer la enseñanza de habilidades de autocontrol.

Fuente:https://psicologiadeportivaa.blogspot.com/2012/07/las-emociones-en-el-deportista.html?m=1