Si reconocés haber sentido envidia en algún momento de tu vida, este artículo es para vos y si no, atrévete a pasar por el escaneo de prueba…

 

Abunda en las redes sociales, en el trabajo y en las relaciones interpersonales. La envidia es una emoción que existe nos cueste o no admitirla. En las redes contamos las experiencias positivas y glamorosas de la vida de cada uno. Las imágenes que llegan a nuestros ojos son las de paisajes paradisíacos de lugares recónditos del planeta… y surge sin que medie una reacción lógica, el lapidario: “Yo difícilmente voy poder visitar un lugar así”, “Parecen más felices de los que yo alguna vez fui con mi pareja”.

A pesar de ser considerada por la psicología evolucionista como una emoción que nos motiva a mejorar –ya que al compararnos con el otro podemos ser capaces de reconocer dónde estamos y hacia dónde queremos ir-, la envidia puede generar tristeza, dolor por el bien ajeno y hasta malestares físicos en quién la padece.  Para muchos autores, la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

Algunos tips para atravesar la envidia:

  • Desafía a tu observador

La envidia surge cuando alguien tiene algo que yo no poseo y que quiero pero que me digo que soy incapaz de lograr o que debería ya haberlo logrado. El objeto de envidia puede ser de lo más variado: una relación de pareja, un físico determinado o un ascenso en la empresa. Hazte preguntas que pongan en tela de juicio el supuesto que no puedes lograr aquello que deseas y deja de creerte que la vida del otro es perfecta y la tuya un desastre, todos tenemos nuestros propios aprendizajes. Cuestiónate: ¿De dónde saqué esta idea de que no puedo lograr ese viaje? ¿Será realmente así? ¿Qué pasaría si realmente me lo propusiera?

  • Conviértete en el foco de comparación

Desde la mirada envidiosa, siempre habrá alguien mejor que nosotros en algo. O más rico o más atractivo o más inteligente. Evoluciona! Compárate contigo mismo en el pasado. En el caso de hablar otro idioma, por ejemplo, compárate contigo mismo un año atrás. ¿Incluíste más palabras en tu vocabulario? ¿Puedes ver series en tv sin leer los subtítulos? De este modo, se estimula el aprendizaje y se alimenta la autoestima.

  • Sé consciente de tus fortalezas y revisa tus stándares

Si nos reconocemos capaces y miramos nuestros logros, generaremos un estado de ánimo que nos permita declararnos aprendices de la vida, aprender del otro y del mundo que nos rodea. En un estudio de Tanya Menon y Leigh Thompson se pidió a un grupo de profesionales pensar en el último plan de un competidor del que sentían envidia. A la mitad de ellos se les solicitó además que hicieran un listado de sus éxitos personales y a la otra mitad, no. Cuando se valoró el tiempo que estarían dispuestos a estudiar el plan de su competidor, los que habían pensado también en sus fortalezas, dedicarían un 66 por ciento más que los que no lo habían hecho. Conclusión: la envidia te evita aprender de otros porque los desprecias.

¡Lánzate al aprendizaje! ¿Quién dijo que deberías hacerlo perfecto? ¿Para qué quieres adquirir esa habilidad? ¿Qué lograrías si la desarrollas? ¿Necesitas modificar tus estándares de aprendizaje?

 

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos. Es nuestra luz, y no la oscuridad, lo que más nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, talentoso, precioso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?” Marianne Williamson

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