La tristeza nos conecta

La tristeza

Las imágenes pertenecen al Monumento a los Niños, del Templo Zojoji, en la ciudad de Tokio. 

Acompañé allí a la tradición de rezar por aquellos niños que murieron prematuramente o que no llegaron a nacer. Le pedimos a Jizõ los acompañe y los conduzca sanos y rápidamente al paraíso. Recé por mi hijo, que tanto anhelamos y que nunca tuvimos.

Hoy quiero conversar con Uds sobre una emoción que es esencial pero que muchos consideran negativa: la tristeza.

En la construcción desde el lenguaje, la tristeza surge ante la pérdida de algo o alguien al que considerábamos importe: un ser querido, un proyecto que no será, el diagnóstico de una enfermedad… y muchas enumeraciones comunes o netamente personales propias de cada uno de nosotros.

 

Coaching y tanatología | Trabajar nuestras pérdidas

 

¿Cuánto nos permitimos estar tristes?

En el pasado, llegué a dar serias batallas a la tristeza por temor a convertirme mayormente en una persona negativa o depresiva. Hoy la veo de otro modo: porque día a día me construyo como una persona positiva y ambiciosa, reconozco que mi tristeza será pasajera, momentánea, que no durará para siempre! Y que es vital y necesaria. Adhiero al término de Pilar Sordo, estoy atenta a construirme como una «positiva vulnerable«.

La tristeza me hace ahondar la mirada a lo que realmente necesito; disipa el ruido mental. Sólo el contacto con la herida me permite sanarla. Me conecta con la vulnerabilidad y de una manera muy profunda a la gratitud: me conmueve lo que perdí, pero abrazo con renovada alegría lo que conservo y disfruto.

El cuerpo también acompaña en el proceso depurativo: disminuye mi apetito, necesito hidratarme más. Siguiendo el ritmo emocional, el descanso se hace más demandante, es necesario recuperar fuerzas.

 

¿Cuánto acompañamos durante su tristeza a aquellos que amamos?

Hace un par de años, mientras atravesaba una pérdida afectiva muy dolorosa, me tocó asistir a un seminario profesional. Ante el reflejo de tristeza en mi cara y sin mediar palabra, me sorprendió percibir a muchas almas bienintencionadas acercarse, palmearme la espalda y alentarme a cosas como cambiar la cara, cambiar la actitud, asumir que pronto iba a pasar… ¡Hasta que el milagro se produjo!.

¿Puedo ayudarte en algo? -me dijo gentilmente, mientras se sentaba cálidamente a la par mía. No, gracias-respondí. Entonces me quedo a acompañarte y a estar el tiempo que quieras a tu lado -agregó. Un profundo abrazo nos contuvo y la gratitud honda y genuina se hizo presente en mí.

La tristeza nos conecta. Si necesitas ayuda, ¡pedila!. No estamos solos

Angela Kohashi Columna escrita para La Red Coaching

por COP Ángela Kohashi

Directora de Contenidos