Decimos que necesitamos liderazgo en el mundo, en nuestras organizaciones. Sin embargo, ¿quién es responsable por el liderazgo?. En este artículo, Jim Selman desafía la idea de que los líderes son personas especiales con capacidades innatas o que ocupan cargos que les permitan transformarse en líderes.

Sin liderados, no hay líderes. Si reflexionamos, reconocemos que los líderes no lideran sin el compromiso de aquellos que los siguen y más aún, que los “seguidores no comprometidos” pueden hasta destruir a cualquier líder, no importa cuán talentoso este sea. Liderar y seguir a otro, son dos dinámicas necesarias para el liderazgo.

¿Quién es el responsable del liderazgo en una organización?

La responsabilidad tiene que ver con “hacerse cargo de cómo las cosas son” no en el sentido de aceptar lo que está mal o poniéndonos como creadores de todo el asunto, sino como una declaración que abre una posibilidad de elegir “quiénes queremos ser en el mundo” y qué acción queremos emprender. Si no somos responsables individualmente, entonces, no hay posibilidad más allá de seguir lidiando con circunstancias mayores que nosotros, rezar por tiempos mejores o hacer lo que podamos para sobrevivir.
La responsabilidad entendida como elección, puede ser aprendida, coacheada y puede ser la base para construir una cultura de liderazgo, en la cual, todos compartimos la creación de futuro.

Del liderazgo “solucionador de problemas” al creador de futuro

Cuando declaramos una visión, esta nos lleva a comprometernos de una manera en la que seamos capaces de cuestionar y no simplemente aceptar, nuestras conversaciones históricas -propias de nuestro observador y de nuestra cultura- acerca lo que es o no es posible.

“La gente razonable se adapta a las circunstancias. La gente irrazonable adapta las circunstancias a sí mismos. El progreso -la creación de futuro diferente al pasado- depende de la gente irrazonable”. George B. Shaw

Si sólo nos comprometemos con lo que creemos que es razonable y factible, nuestras acciones siempre nos llevarán a más de lo mismo basado en el pasado y reforzando el “status quo“ cultural.  ¿Qué sucedería si nos comprometemos a ser “irrazonables”?. ¿Si paramos de culpar al sistema, a los políticos, a los medios o al exceso de trabajo por todo lo que consideramos negativo en nuestra situación actual?. ¿Y si transformamos la idea de liderazgo para solucionar un problema a “liderazgo como la expresión de la responsabilidad individual ante la creación del futuro”?. ¿Qué resultados tendríamos si nuestras acciones estuvieran basadas en nuestros compromisos y la responsabilidad por un futuro que valga la pena crear?

Crear nuestro futuro

Si aceptamos la premisa de que nuestras acciones están correlacionadas con el pasado, entonces para tener un futuro diferente, se requerirán acciones correlacionadas con el futuro que nos comprometamos a crear.

Quienes quieran jugar al “juego de liderar” necesitan “pararse” en esta posibilidad, con independencia de lo que sus conversaciones históricas de razonabilidad o lo que las circunstancias de hoy le marquen. Transformarse en un líder y ser responsable comienza por aceptar que lo que sea que para nosotros signifique “real” es siempre y simplemente una interpretación. La pregunta no es ¿qué es realidad?, sino ¿a qué tipo de realidad estamos comprometidos? y dada esa interpretación, ¿qué acciones estamos tomando?.

¿Es necesario tener autoridad o posición para liderar?

Otro concepto que deberíamos desafiar es que se necesita una posición, autoridad o control para tener poder y marcar una diferencia. Para Selman, el liderazgo no está basado en ésto sino que es una función de nuestra interpretación de quiénes somos, de nuestro entorno y de nuestro compromiso. El liderazgo no sucede sólo dentro del individuo, sino en el contexto de las relaciones y la coordinación de acciones y prácticas en una comunidad. En este sentido, es un fenómeno social, más un producto de los liderados que de aquellos que están siendo públicamente reconocidos como líderes.

Gente común con compromisos extraordinarios

Desafiamos también la idea de que los líderes son gente especial con capacidades innatas que les permiten transformarse en líderes. Una idea más poderosa es que los líderes son gente “común” que hace y sostiene compromisos extraordinarios. En este sentido es un fenómeno de elección personal además de social como mencionamos anteriormente.

En nuestra historia hemos visto incontables ejemplos de individuos como Mahatma Gandhi o Martin Luther King o grupos como Amnesty Intertational o Greenpeace, tomando posición por lo que consideraban justo. Aún cuando hayan tenido cientos de personas en contra, dieron sus vidas por sus convicciones. Ellos nos “dejaron” conversaciones e interpretaciones más grandes y crearon una “nueva realidad” basada en una preocupación por el bienestar para toda la sociedad y las generaciones futuras. Estos hechos son siempre irrazonables, siempre van en contra de la sabiduría prevaleciente y aún a veces van en contra del sentido común. Ahora, estos son los más poderosos actos de liderazgo imaginable. Son actos de seres humanos siendo responsables por su situación y moviéndose hacia delante desde un profunda confianza en su visión, en otros seres humanos y en la voluntad de arriesgar lo que sea necesario para marcar una diferencia.

El futuro es siempre una posibilidad

En conclusión, podríamos constantemente recordarnos a nosotros mismos que el futuro no es algo que sucede “allá fuera”, ni es un problema a ser resuelto por otro o una “realidad ya fijada” que nos ocurrirá. El futuro es siempre una posibilidad y cuando llega será siempre el resultado de las acciones individuales y colectivas que hemos o no tomado: hoy. Ya sea que estemos esperando por un gran líder o aspirando nosotros a ser líderes, nuestra elección es: o participamos y somos responsables de traer el liderazgo o esperamos y asumimos que algún otro será responsable de crear el contexto para que aparezca el fenómeno social del liderazgo. Si elegimos no ser responsables o que otro elija por nosotros, entonces carecemos de poder y podemos terminar con un futuro que no deseamos. Por el otro lado, si podemos declarar ser responsables y participar en crear el futuro, entonces, como dijo Mahatma Gandhi: “seamos el cambio que queremos ver”…
Somos responsables de liderar y trabajar juntos para transformar nuestras circunstancias en la materia prima con la cual podamos crear un futuro digno de quiénes somos y por el cual valga la pena vivir.

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