Identidad. ¿Somos lo que hacemos?

 ¿Entiendes la expresión no es lo mismo hacer el idiota que serlo? Piénsala bien, porque es el resumen perfecto de uno de los mayores y más graves errores que cometemos todos constantemente.

La forma de expresarnos al hablar denota patrones de pensamiento, así que es muy interesante ver las trampas que nos ponemos. Veamos si te suenan este tipo de expresiones porque las hayas oído o dicho: “soy lo peor”, “no lo quiero hacer porque soy muy torpe”, “qué malas notas, eres mal estudiante”, “qué tonta soy, no había caído”, “así soy yo”, “es un enfermo”, “yo siempre he sido gorda”, “mi hijo es un vago”…. Ahora te reto a que te observes durante 1 día para que apuntes todas las expresiones que dices sobre ti u otros con el verbo “ser”.

Lo que hacemos es juntar la conducta (es decir lo que hacemos) con la identidad (lo que somos) y eso es un patrón mental de limitación absoluta. Una cosa es lo que hacemos y otra lo que somos. Es muy obvio, ¿no?

Vamos a partir de la base de que realmente no sabemos quiénes somos. En nuestra esencia, en nuestra realidad más profunda, no hemos estado casi nunca, con lo que desconocemos todo nuestro potencial e ignoramos qué somos realmente. Así que rellenamos el hueco con lo que los demás nos dicen que somos y lo que nosotros creemos que somos, descartando lo que realmente somos. Aunque no sepas quién eres, te digo que no eres lo que haces. Así que cuando dices “soy tonto”, estás diciendo que tu identidad es la de un tonto, con lo que todo lo que haces, dices, piensas o sientes, va a estar hecho desde esa base. No podrás hacer nada bien en la vida si eres un tonto. Un error es algo que hacemos mal, pero no algo que somos. No somos el error, sino quien cometió el error. ¿Ves la diferencia?

Que alguien se equivoque no lo hace estúpido, sólo alguien que ha cometido una equivocación.

Que alguien tenga una conducta determinada sólo indica lo que hace, no lo que es.

Que alguien haga algo habitualmente no habla de su identidad, sino de sus costumbres.

Cuando pasamos de decir “yo soy” a “yo hago”, nos des-identificamos, damos un paso atrás y podemos actuar para cambiar eso que hacemos que no nos gusta. Una conducta se puede modificar, la identidad es más complicado.

Hay otro agravante. Einstein decía que la mente que ha creado el problema, no puede solucionarlo, que hay que cambiar de mente. A nivel neurológico, esto significa que si crees que eres lo que haces, estás poniendo tu identidad en ese nivel y desde ahí, no puedes solucionarlo. Piensa en cuántas veces en tu vida has intentado cambiar una conducta (dejar de fumar, ir al gimnasio, ponerte a régimen, tener más paciencia con tus hijos…) y has podido mantener la nueva mientras tenías voluntad, pero no se ha producido un cambio interno que alimentase la nueva conducta sola. Y la voluntad se agota, ya lo habrás comprobado. Según la Pirámide de Niveles Neurológicos, la Identidad está tres niveles por encima de la Conducta. Puedes bajar hasta ese escalón pero vas a tirar de voluntad para hacer los cambios. Sube un peldaño y estarás en la zona de los Recursos. Sube otro y estarás en las Creencias y Valores. Sube un tercero y estarás en el nivel de la Identidad, conéctate con ella y podrás cambiar mucho más fácilmente cualquier conducta. Ya no dirás “soy” sino “tengo” o “hago” con lo que no te sentirás tan mal. Deja de identificarte con lo que haces, porque tú eres mucho más que todo eso y desde ese potencial, puedes cambiar lo que no te gusta.

Ten especial cuidado con los niños, porque el Efecto Pigmalión es demoledor en ellos. Las creencias se graban en el inconsciente en los primeros años de edad, así que cuida mucho lo que dices y cómo lo dices. Sobre todo si lo dices a menudo.

Las personas son valiosas, cuestiona tu comportamiento, pero no tu identidad.

Líbrate de todo lo que no seas Tú para conseguir manifestar tu mejor versión.

Vete al lugar en el que realmente eres y suelta lo que no seas.

Por: Nuria Velasco

Fuente: https://www.mindalia.com/noticias/somos-lo-que-hacemos/