“Percibir y acompañar el proceso emocional”

Tomando como referencia el “Modelo de las 7 Competencias del Coach Ontológico Profesional” desarrollado por la Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP) y “Las 11 Competencias Claves del Coaching Profesional” de la International Coaching Federation (ICF), presentamos la tercera parte del estudio realizado por el Lic. Oscar Anzorena. 

En esta oportunidad mostramos las siguientes competencias:

4ta Competencia: “Percibir y acompañar el proceso emocional”

Captar e interpretar las señales de la emocionalidad

El coach debe desarrollar la habilidad que le posibilite percibir la evolución de la emocionalidad del coachee. La percepción emocional es la capacidad de captar el estado anímico de las personas y supone un continuo intento de comprender la realidad subjetiva del otro. Implica estar atentos y conscientes acerca de las señales que en forma permanente emite nuestro coachee y que pueden “leerse” como expresiones de sus estados internos.

El vínculo entre emocionalidad y corporalidad hace que nuestras emociones tengan un necesario correlato en expresiones inconscientes que realizamos en forma automática a nivel corporal. Este conjunto de señales las denominados “lenguaje no verbal”. La postural corporal, los movimientos y gestos, la inclinación de la cabeza, la mímica facial, la mirada, el ritmo respiratorio, como así también el tono, la velocidad y la intensidad de la voz son portadores de información de nuestros estados internos. La percepción emocional consiste en captar este conjunto de señales y darles la interpretación apropiada.

Poder comprender que ese gesto casi imperceptible en la cara de nuestro coachee puede ser una señal de que la pregunta que le formulamos le afectó, lo inquietó o lo movilizó emocionalmente, puede hacer la diferencia en una sesión de coaching. Muchas veces estas sutiles señales nos posibilitan detectar un rumbo de intervención o darnos cuenta de la repercusión emocional que determinados temas pueden tener para el coachee.

Otro aspecto relevante es poder entender qué implica el silencio del coachee en el contexto de la sesión. Hay veces que el silencio puede expresar que está reflexionando sobre algún aspecto que surgió en la conversación o que se disparó en su interior aunque no se haya manifestado explícitamente. Otras veces puede significar que se conectó con un recuerdo o que está transitando un proceso emocional muy profundo. Respetar estos momentos de silencio e introspección y a la vez interpretarlos en toda su dimensión es parte esencial del proceso de coaching.

Como toda competencia, la percepción emocional se puede entrenar y desarrollar, pero es importante comprender que uno de los factores que influyen en la misma está relacionado con el nivel de autoconocimiento que tenga el coach en relación con su propia emocionalidad. La capacidad de reconocer y comprender sus emociones y el registro corporal que tenga de las mismas, establece la base desde la cual opera el “radar emocional”.

 

Acompañar y facilitar el proceso emocional del coachee

La emocionalidad ocupa un lugar de centralidad en el proceso de coaching. El coach trabaja con el coachee a los efectos de que pueda generar el estado anímico y la disposición corporal necesaria para realizar el proceso de aprendizaje, afrontar el nuevo desafío y pasar a la acción. En tal sentido, el coach debe poseer la capacidad para trabajar con la emocionalidad del coachee sabiendo que esto abarca muy diferentes aspectos. La competencia de la AACOP: “Reconocimiento, Diseño y Gestión Emocional” está descripta como: “La capacidad de facilitar la observación del emocionar y la proyección del perfil emocional del coachee para expandir las posibilidades de acción en relación con su compromiso”.

Los procesos de coaching implican acompañar y facilitar el desarrollo de la “conciencia emocional” del coachee. A nuestro entender este concepto abarca cuatro aspectos:

  • Reconocer la propia emocionalidad
  • Identificar las interpretaciones que generan la emocionalidad
  • Evaluar la funcionalidad del estado de ánimo
  • Asumir responsabilidad en relación con la propia emocionalidad

 

El primer aspecto está relacionado con la capacidad del coach para facilitar que el coachee pueda reconocer la propia emocionalidad e identificar lo que siente en cada circunstancia. Esto no siempre es tan sencillo ya que muchas personas han generado mecanismos de desconexión con la propia emocionalidad en la creencia de que no hay que prestarle atención o, a lo sumo, cuando emerge hay que poderla doblegar y ocultar. El proceso de coaching implica desandar este camino comenzando por el aprendizaje de registrar e identificar la propia emocionalidad, es decir, que el coachee pueda reconocer y expresar si está sintiendo bronca, enojo, miedo, alegría o entusiasmo. La emoción que sea no está ni bien ni mal, simplemente es lo que le está sucediendo en el aquí y ahora.

Hay casos en que el coachee tiene dificultad para conectarse con su emocionalidad e inclusive podemos percibir que hace un esfuerzo para no vincularse con su estado emocional y sólo pretende analizar la situación desde un nivel racional. En estos casos el coach puede observar la rigidez del cuerpo que expresa el esfuerzo que realiza para contener la energía emocional. Esto también se manifiesta a nivel lingüístico, en donde el relato sólo da cuenta de lo que “pasó” y no de lo que “sintió”. En estas circunstancias el rol del coach consiste en ayudar a que el coachee se pueda conectar con sus emociones y pueda expresarlas libremente. Alentar la expresión emocional es una de las tareas centrales del coach.

Cuando el coachee se conecta con su emoción le es factible tomar conciencia de lo que está sintiendo y de la emocionalidad que le genera la situación por la que está atravesando. Poder ponerle nombre a esa emoción, poder hablar de ella, le posibilita hacerse cargo de su estado emocional y transitarlo sin temor ni vergüenza de lo que está sintiendo.

También puede suceder que cuando el coachee se conecte con su emoción, ésta se manifieste de manera desbordante. En estos casos el rol del coach implica hacerle sentir al coachee que en su sesión de coaching puede manifestarse libremente y tiene la posibilidad de expresar su emoción de la manera en que ésta emerja, sin tener que cuidarse ni preocuparse por nada. En estos momentos el coach debe tener la tranquilidad y la templanza necesarias para acompañar el proceso del coachee y no interferir en su expresión emocional. No debe tratar de consolarlo, ni calmarlo y mucho menos decir algo que inhiba la manifestación de su emoción. Su silencio y su tranquilidad le deben transmitir al coachee la confianza de que puede “meterse” con su emoción, puede profundizar en la misma sin ningún tipo de temor y con la seguridad de que transitar el dolor es el único camino para superarlo.

El coach debe tener claridad en relación a que la catarsis emocional es sólo un momento del proceso y no un objetivo en sí mismo. Lo que emerge de esa catarsis es material para seguir trabajando y profundizando en el proceso de coaching. Pasado ese momento de expresión emocional habrá que ponerle palabra a lo vivido y en función de esto el coachee podrá tomar conciencia y dimensionar emociones y sentimientos que hasta ese momento estaban obturados. Esto le posibilita al coachee incursionar en su mundo emocional desde otro nivel de conciencia y de esta manera acceder a ponerle nombre a la emoción, identificarla y entenderla.

La conexión y el reconocimiento de la propia emocionalidad posibilita pasar al segundo aspecto, que es el de identificar las interpretaciones que generan la emocionalidad. Generalmente el coachee considera que son los eventos del mundo exterior los causantes de sus emociones. En tal sentido y a los efectos de desarmar la ilusión de que existe una relación de causalidad ineludible entre el estímulo exterior y la emoción que surge ante el mismo, el coach debe guiar a través de la indagación a que el coachee pueda identificar cuáles son los juicios que tiene sobre esos hechos. Esta reconstrucción lingüística de su emocionalidad le permite al coachee tomar conciencia de que no son los hechos en sí, sino la interpretación que le confiere a los mismos la que genera su emocionalidad.

El tercer aspecto es el relacionado a la capacidad para evaluar la funcionalidad del estado de ánimo. De nada sirve clasificar a las emociones como buenas o malas, positivas o negativas, ya que una emoción que resulta perjudicial en una determinada situación puede ayudar o alertar en otro momento. Los seres humanos poseemos un amplio repertorio de emociones y, más allá de que algunas nos resulten más agradables que otras, todas ellas tienen una utilidad y una razón de ser. Lo importante es determinar si un estado de ánimo es funcional o disfuncional a los efectos de la eficacia de nuestras conductas.

La funcionalidad o disfuncionalidad de un estado de ánimo es un juicio que realizamos en relación a si nos abre o nos cierra posibilidades en función del tipo de acción que debemos llevar a cabo, partiendo de la base de que cada emocionalidad establece una particular predisposición de comportamiento. Por lo tanto, decimos que un estado de ánimo es funcional en determinado contexto, cuando consideramos que es el más adecuado y pertinente para desarrollar nuestro accionar en forma efectiva. Esta distinción le permitirá al coachee diseñar cuál es el estado de ánimo que le resulte más funcional para accionar en pos del logro del objetivo propuesto.

El cuarto aspecto de la conciencia emocional está relacionado con asumir responsabilidad en relación con la propia emocionalidad. Esto implica hacerse cargo de lo que siente, sin pretender buscar culpables entre la gente que lo rodea. Es frecuente en las sesiones de coaching escuchar frases tales como: “me hace enojar”, “mi jefe me altera”, “me hace poner nervioso”. Estas narrativas dan cuenta de un tipo de razonamiento donde se considera la propia emocionalidad como un efecto inevitable de la conducta ajena y, por lo tanto, no se asume ninguna responsabilidad por la misma. Si, por el contrario, el coachee toma conciencia de que su emocionalidad está condicionada por sus juicios, sin negar la importancia del hecho o acontecimiento que la “gatilla”, podrá actuar haciéndose cargo de la misma.

El coach también deberá desarrollar la habilidad para realizar el acompañamiento emocional que muchas veces se requiere para poder llevar a cabo un nuevo comportamiento o asumir un nuevo desafío, es decir, facilitar el traspaso de la “brecha emocional” que puede estar dificultando desempeñar una acción. Esto es, acompañar al coachee en el proceso de adecuación de su “estructura de coherencia”, de manera tal que pueda realizar las conductas que quiere llevar a cabo en función del compromiso con el logro de sus objetivos.

Autor: Lic. Oscar Anzorena  MCP de la AACOP, MCOA de la FICOP