El chisme es un hecho del lenguaje y es excitante en diversos grados. Sin el deseo latente de uno por contarlo y del otro por escucharlo, no hay chisme. Es un elemento que genera cierta coincidencia entre dos personas aún cuando apenas puedan conocerse, porque al compartir un chisme el sentir es que “ya somos del mismo equipo, ya puedo confiarte una información especial”

El chisme es tan antiguo como el mundo; ya el filósofo griego Epícteto, nacido en al año 55, proclamaba sobre él un claro consejo: “Si te vienen a decir que alguno ha hablado mal de tí, no te empeñes en negar lo que ha dicho; responde solamente que no sabe tus otros vicios, y que de conocerlos, hubiera hablado mucho más”.

El actor principal de un chisme circulante, que irá pasando clandestinamente de boca en boca e irá variando y engrosando su contenido según los agregados que le haga cada uno de sus oyentes, puede ver su identidad social gravemente comprometida. El chismoso poco repara en el impacto que el rumor pueda tener sobre la ‘víctima’ -aunque es probable que ésta nunca se entere- pero sin dudas el chisme siembra en el oyente una imagen que puede ser muy diferente a la realidad. Verdadero o falso, un chisme puede hacernos sentir atraídos o repelidos a establecer una relación personal, laboral o contractual,etc con la persona en el foco de la tormenta.

Si bien uno constituye la identidad personal por las acciones que  ejecuta diaria y regularmente, lo que otros dicen de nosotros también contribuye a la formación de nuestra identidad social.

¿Qué hace que contar un chisme sea algo placentero? Pedro Horvat, -médico, psicoanalista y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina- asegura que el primer motivo es uno muy infantil: el de un niño ‘voyeur’ que espía la sexualidad de sus padres y se entera de cosas. En segundo lugar, se puede llegar a sentir cierta superioridad al pensar  “Yo tengo acceso a lo que el resto ignora””.

Revelar supuestas intimidades de otros, tiene además otros sentidos: permite desidealizar, pues ricos, famosos y poderosos tienen finalmente las mismas pasiones y debilidades que el resto de los humanos, añadió Horvat. Finalmente, en un recóndito lugar de la mente del chismoso se genera un espacio para la destrucción envidiosa: “Ah, no era tan bueno…”

Laura Palacios, también  psicoanalista y autora de un trabajo titulado ‘El secreto y el chisme’, manifestó que a pesar de que la intimidad ajena puede resultar atractiva, su destrucción lejos de ser un progreso, es señal de una peligrosa involución.

El otro, nuestro semejante, nunca está excluido de nuestro hablar cotidiano -sostiene Palacios. El chisme siempre necesita a un tercero ausente y perjudicado y su circulación comienza con un acuerdo: “Júrame que no va a salir de tu boca”, una pequeña fantochada que simula un secreto.

Pero hay un segundo pacto, no dicho y tácito, que garantiza la supervivencia del chisme, aquello que ese receptor particular hará para mantenerlo con vida: ¡difundirlo!

Sin duda que la intimidad del otro puede resultar atractiva. Un ejemplo de ello son los numerosos programas de chismes que existen en la televisión argentina. Pero aún así, Palacios insiste en señalar que esta práctica no contribuye a nuestra evolución: ya Freud habló de ciertos aspectos del psiquismo que deberían permanecer al margen, guardados y no revelados.

  • ¿Son las mujeres más chismosas que los hombres?

El chisme no discrimina género, nivel social o cultural. Las mujeres tienen la mala reputación de ser más chismosas que los hombres. Sin embargo, no es así. Si de chismear se trata, los hombres ganan y Angélica Olivares, psicóloga mexicana, nos dice el por  qué: “por naturaleza la mujer es prudente. El hombre, no. De hecho, el hombre condimenta con mentiras su chisme porque tiende a fantasear. Tenemos la fama de ser chismosas porque hablamos entre amigas y con la gente que nos rodea. En cambio ellos generan más intrigas, son más imprudentes y razonan menos y por eso se convierten cómplices.

  • ¿Qué función social cumple el chisme?

El chisme adereza y da consistencia al lazo social -dice Palacios. No existe fuera de la vida social, porque depende de la presencia de otro para seguir existiendo. También nos recuerda que estamos divididos. Que somos luz y sombra. En general, en todas las lenguas, el chisme está asociado de alguna manera a la maledicencia.

  • ¿Qué relación existe entre un secreto y un chisme?

Por lo general no existe secreto que no sea compartido. Igual que el chisme, éste necesita de un cómplice y de uno o más terceros excluidos. Lo mismo que el chisme, el secreto es un saber. Pero un saber escamoteado, al que se pone en reserva y se retira de circulación.

“No hay nada escondido entre el Cielo y la Tierra”, reza el proverbio. Ante de abrir la boca convendría recordar que somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

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