¿Por qué sentimos frustración?

Durante mi trayectoria profesional he podido estar en ambos lados de un proceso de selección, tanto como candidato como seleccionador.

Sobre procesos de selección se han escrito infinidad de artículos y guías, pero no es tan habitual leer el suceso que más veces se repite:

“No eres el seleccionado”

“Pero si cumplía todos los requisitos”, “No lo entiendo, la entrevista fue genial”, “Seguro que es porque no tengo enchufe” o “No saben el profesional que se han perdido” son alguna de las frases recurrentes que se nos pueden venir a la cabeza cuando leemos ese mail de RRHH que abrimos con la misma incertidumbre que comprobamos el décimo de la Lotería de Navidad.

Vale. No soy el seleccionado. Pensaba que ese puesto era para mí. ¿Y ahora qué hago con este saco de frustración que ha aparecido colgado de mi espalda? Es un sentimiento natural, lógico y para nada negativo. Es más, es un gran punto de inflexión que si sabemos afrontar nos convertirá en mejor profesional y trabajará un aspecto muy importante: Resiliencia.

“Nos frustramos cuando no recibimos aquello que creemos merecer. Cuándo las circunstancias no son la que esperábamos. Cuándo la realidad no se adapta a nuestras necesidades. Cuándo nuestro plan “perfecto” falla.

¿Pero cómo es posible si yo lo valgo, yo lo merezco, y además soy especial? Entonces aparecen decenas de métodos para ayudarte a tolerar la frustración, gestionar tus emociones, tener una actitud positiva…En resumen, te dan una pastilla para que pases el mal trago un poco mejor y sigas pensando que solo ha sido un tropiezo que puedes gestionar.

Los tiros no van por ahí. El problema viene de base. Vivimos en la sociedad de los derechos y el “porque yo lo valgo-yo lo merezco”. Una sociedad egocéntrica, victimista, acostumbrada a las palmaditas en la espalda y al lloriqueo cuándo no obtiene lo que quiere.”

Como la sociedad ha evolucionado ante esta situación. Una persona de 20-25 años pensará que es totalmente injusto porque no había nadie que deseara más que él ese puesto de trabajo y se lo merecía. Si tenemos 30-40 años (que podríamos encuadrar en la Generación X) seguramente no entendamos como con una carrera, master y esfuerzo dedicado no hemos sido los elegidos. Y si tienes más de 50 años es que la sociedad actual ha perdido sus valores y no valoran tu experiencia. Tres generaciones actuando de forma distinta ante la misma situación y con el mismo resultado: EXCUSAS.

“Grábate esto a fuego: Nadie merece nada, no es más que tu ego hablándote. El ego, esa vocecita que trata de convencerte de que eres tus logros, tu reputación, tus posesiones, y que encima te dice que tú lo mereces porque has trabajado mucho para lograrlo. Cada uno obtiene en cada momento exactamente aquello que necesita para evolucionar como ser humano. Las circunstancias no están en tu contra, las circunstancias son siempre neutras, sólo cambia tu manera de enfocarlas. No hay que aprender a tolerar la frustración sino aprender a abrazarla. Abrázala y se transformará.

Hemos crecido con frases como “Sé el mejor, no importa en qué, pero el mejor” “Si realmente lo deseas, lo conseguirás” “El trabajo duro tiene su recompensa” para afrontar una verdad universal: Siempre habrá alguien mejor que tú, es cuestión de estadística; tus deseos no son órdenes ni en tu entorno personal ni profesional y aunque trabajes duro no te libra fracasar estrepitosamente.

¿Con esto quiero decir que hay que bajar los brazos y aceptar nuestro sino? Ni mucho menos. Lo que te pido es mucho más difícil:

¿Y cómo la abrazo? Lo primero es entender que el sufrimiento es el motor del cambio. Que abrazar la frustración significa tener que mirar dentro del trastero de tus emociones, dónde has guardado todo lo que no te gusta, y empezar a poner todo aquello en orden. Ese proceso dura tiempo y no hay atajos para poderlo gestionar mejor.

Cualquier atajo, método, guía…supone mirar fuera y buscar soluciones fuera. El gran cambio está en mirar dentro, en entender qué tienes que aprender y por qué tienes que frustrarte para aprenderlo. Una vez que has aprendido esto todo cambia. Empiezas a quitarle importancia a los problemas. Dejas de preocuparte y de poner expectativas. Entiendes que no tiene sentido pretender controlar lo que no se puede controlar, que ese gesto te hace daño y no te ayuda y que el camino pasa por soltar lastre… y dejar que lo que tenga que ser sea.”

Es un ejercicio introspectivo que requiere de un proceso difícil de encarar nuestros miedos, carencias y malas decisiones y una ejecución más sencilla cuando ya los tenemos identificados. Porque créeme, si por ejemplo no sabes inglés, para el entorno global y profesional de hoy eres un analfabeto. Y te llevará más tiempo y esfuerzo aceptar tu pereza y falta de determinación que en aprenderlo.

Te animo a que inviertas tu tiempo en ti, seas sincero contigo mismo y pongas todas las cartas sobre la mesa boca arriba. Es imposible conocer la mano que la vida nos tiene deparada pero se juega mucho mejor y más tranquilo si sabes con lo que jugamos.

Fuente: http://www.mundocoachingmagazine.com/sabes-gestionar-frustracion/