¿Qué te estás perdiendo por no soltar?

O sigues aferrado a ese queso que ya huele mal o te pones las zapatillas y empiezas a caminar para llegar más pronto al nuevo y sabroso queso que te espera. ¿Cuál es tu elección?

Aquí les dejamos un video realizado con base en el libro de Spencer Johnson “Quién se ha llevado mi queso”. Es una invitación a una reflexiones tan poderosas con una historia muy simple.

Son 12 minutos que te llevan de la mano de cuatro diminutos personajes, dos ratones y dos hombrecillos, a detenerte en, valga la redundancia, lo que te está deteniendo, lo qué no estás viendo y mejor aún, lo qué no estás queriendo ver por aferrarte a algo.

Para quienes no lo han visto y quieran saber de qué estoy hablando, tómense esos 12 minutos y mírenlo acá:

El queso de esta historia es una metáfora que bien podría aplicarse a lo que queremos en la vida: un trabajo, una empresa, la forma de relacionarnos con los demás o con el mercado, una pareja, la estabilidad financiera, una casa, la familia.

¿Qué nos pasa con los cambios? ¿Cómo los enfrentamos? ¿Nos aferramos a la idea de que “esto es lo que debe ser” como le pasó a uno de los hombrecillos al punto que ponemos incluso en riesgo nuestra propia supervivencia y nos negamos a avanzar? O nos aventuramos a buscar nuevos espacios o “queso nuevo” .

Todos tenemos en nuestro interior una clase especial de alarma que nos indica que algo no anda bien. Nos sentimos intranquilos, vivimos bajo el enojo o la frustración, e incluso corporalmente de seguro aparecen enfermedades.

El tema es que muchas veces nos sentimos tan cómodos, ojo que comodidad no es sinónimo en estos casos de satisfacción sino de zona conocida, entonces nos cuesta salirnos de allí para comenzar a avanzar en la dirección que nos lleve a silenciar aquello que encendió la alarma.

Y saben cuál es el número uno en el ranking de las respuestas más comunes a la hora de enfrentarnos a qué vamos a hacer para realizar el cambio que sabemos requerimos?: “No sé”, un “No sé” desde la resignación y la imposibilidad. “No sé qué me pasa”, “No sé qué hacer”, “No sé qué camino tomar”. Y la pregunta que surge es “y si no lo sabes quién lo sabe entonces, a quién le podemos preguntar, ¿lo llamamos?” “Y no, pues yo soy el único pero… ¡no sé!”. Y entonces buscamos en el horóscopo, en un amigo, es decir afuera lo que debemos buscar dentro.

Un “No sé” dicho desde ese lugar cierra posibilidades. Pero hay otro lugar desde el cual nos la abre y es cuando esa sea una declaración de apertura es decir “No sé, pero estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para clarificarlo y me comprometo con la acción que ello implique”.

Porque el tema aquí no es que no sepamos cómo o hacia donde movernos, sino que al indagar qué es lo que hay detrás de ese “No sé”, casi siempre se está ocultando un “Si sé, siempre lo he sabido, pero no soy capaz de hacerlo”. De hecho uno de los cartelitos de esta historia dice:

¿Qué harías si no tuvieses miedo?

¿Si no tuvieses miedo de generar esa conversación que no has tenido con tu pareja o con ese amigo/a?

¿Y si no tuvieses miedo de renunciar al trabajo que no te satisface y te está enfermando?

Y sin ir más lejos ¿Qué harías si no tuvieses miedo de mirarte al espejo y decirte: eso que estás haciendo no te sirve y lo vas a cambiar ahora sin importar lo que te has venido diciendo toda tu vida?

Tener queso hace feliz, dice la historia, pero también nos recuerda que hay que olerlo a menudo para saber cuándo empieza a enmohecerse y así no sorprendernos con que un día ya no está donde lo dábamos por seguro o está dañado y que cuanto antes se olvida el queso viejo, más rápido encontramos opciones de nuevo queso y adoptamos nuevas creencias para llegar a él.

Fuente: http://blogs.eltiempo.com/liderazgo-arriba/2016/04/27/a-que-te-estn-se-ha-llevado-tu-queso/